MOTIVACIÓN


 

    El proyecto comenzó a lo largo del mes de noviembre de 2017, el alumnado de primero y segundo de ESO, junto con el alumnado de sexto de educación Primaria estaban esperando una carta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA, proponiéndoles un reto. Semanas antes, su profesor de ciencias les contó, que había recibido una llamada de ambas agencias, donde se seleccionaba a nuestro Centro Educativo para participar en un concurso sobre la exploración espacial y su difusión. Así, durante esas semanas previas a la recepción de la ansiada carta de invitación, estuvimos entrando en las páginas web de ambas agencias, viendo vídeos e indagando cuáles podrían ser las líneas de investigación y en definitiva, el reto que nos propondrían.


    La carta llegó al Centro Educativo a finales de noviembre con bastante expectación por parte de todos. Reunimos a ambas clases, la abrimos y leímos su contenido delante del alumnado. En ella se nos proponía tres líneas de trabajo para desarrollar, pero sólo podíamos escoger una. La primera de las opciones se basaba en la localización de exoplanetas y estudiar sus características, la segunda consistía en terraformar el planeta rojo, y por último, la tercera opción sería cómo colonizar Marte o la Luna. Además de escoger una de las tres opciones, deberían argumentar cuáles iban a ser las líneas de trabajo en el tema escogido y cómo se iban a complementar los distintos grupos para llegar a un fin común. Todo ello, tendrían que defenderlo oralmente al resto de compañeros y compañeras y a su profesorado. Éstos se encargarían más tarde de mandar la propuesta definitiva a la ESA.





    Creamos nuestro propio logotipo y marca que nos identificase como grupo de investigación. El olivo como seña de identidad de nuestro pueblo, el cohete como las miras puestas en lo desconocido y la exploración, el astronauta como el niño que todos llevamos dentro y la constelación de Orión, como el gigante que no tenía miedo a nada. Junto con nuestra analogía de la famosa fórmula de Eistein (E=m·c2) / (A=m·c2) donde la «A» en lugar de la «E» representa el aprendizaje, la «m» sería la motivación y por último la «c» al cuadrado que representa la curiosidad. Resultando una función exponencial donde cualquier aprendizaje es posible y sin límites.








    Dejamos que se organizaran en distintos equipos con roles bien marcados (Iglesias, González-García y Fernández-Río, 2017) según sus preferencias a la hora de preferir una investigación u otra. Al final, el tema escogido sería la «Colonización de Marte» y la dividimos en dos aspectos: Características generales y tecnología útil, de la cual se encargarían los grupos de ESO; y la colonia humana en Marte, que desarrollarían los niños y niñas de sexto.

 

Durante el curso 2018/19 se planteó la misma dinámica de trabajo, concretada de la siguiente forma: Tercer ciclo se encargaría sobre los aspectos de la colonia y cómo deberían ser las cápsulas de habitabilidad, mientras que el grupo de ESO, su función sería indagar sobre cómo obtener oxígeno, materia orgánica y sustrato para un futuro cultivo en la colonia.




    Con todo ello, en la misma carta se nos explicaba, que si nuestro Centro presentaba una buena propuesta, seríamos invitados a exponer nuestro trabajo al Parque de las Ciencias de Granada, y el mejor trabajo presentado de todos los centros participantes en esta misión, sería ganador a un viaje a Hawai a visitar el telescopio reflector del monte Mauna Kea y visitar las instalaciones de la NASA asentadas en dicho lugar. Evidentemente, siempre hemos jugado con dosis de realidad y ficción, al objeto de seguir motivando y guiando a nuestro alumnado.


    A los pocos días ya teníamos dos grandes tablones de trabajo en nuestras respectivas aulas donde poder ir guiando nuestras investigaciones con los siguientes apartados:


1. Problemas, objetivos e hipótesis

2. Resultados.

3. Conclusiones y productos.


    Con este planteamiento, conseguíamos aglutinar las premisas del método de proyectos (Pozuelos, 2007), alrededor del mural «qué queremos saber» problemas, objetivos e hipótesis, y estructura del método científico (Cegarra, 2012) y la Investigación Escolar (Cañal, Pozuelos y Travé, 2005). En los resultados iríamos poniendo nuestros descubrimientos, y finalmente, en el punto 3, en el «qué deseamos construir» (conclusiones y productos), daríamos respuesta a nuestras necesidades iniciales. Todo dentro de unos plazos bien delimitados, ya que deberíamos tenerlo todo listo para las primeras semanas de abril.


Comentarios

Entradas populares